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Cicatriz o el dolor

En ocasiones he sentido el sufrimiento, el dolor desgarrador que parte el alma en dos.
He llorado tanto que creí morir ahogada en llanto.
He secado mi lagrimal muchas veces.
Pero sé que nada es eterno, que para salir, para que pase hay que enfrentar las cosas, a  nadie le gusta morir en un fango de mierda.
Cada sufrimiento abre heridas que nos dejan cicatrices inevitables.
¿ Qué prefieres el dolor o la
cicatriz ?.
Llevamos como tatuadas nuestras cicatrices, son nuestras heridas de guerra. Toda batalla deja huella y las llevamos como mejor podemos.
Las disimulamos, las ocultamos o las lucimos porque no queda otra.
Muchas son cicatrices de hechos superados del camino pero otras parecen heridas que no cierran nunca. Reviven en momentos con más fuerza que nunca, brotando todo el dolor de aquel tiempo.
Surgen así de nuevo nuestros temores.
Sean cualquiera que sean nuestros caminos, todo deja huella. Nuestras equivocaciones, nuestros errores o nuestras decisiones.
Por otro lado, a veces, la vida nos pone ante situaciones que no sabemos cómo actuar y de esas batallas, nos quedan cicatrices en el alma, que a veces nos negamos a cerrar. Nos encerramos en nuestra burbuja para no ver más allá siendo nosotros mismos el verdugo y carcelero.
Nos enfrascados en todo lo negativo esperando que simplemente pase el tiempo y todo pase pero compruebas que no pasa.
Se ha de enfrentar uno a los problemas porque nada ni nadie vendrá a sanar las heridas.
Muchas veces es terrible enfrentarse a los miedos porque es como abrir una caja de pandora y salen todos los fantasmas.
Es entonces cuando nuestras inseguridades y complejos salen a la luz acomodándose como si nunca se fueran a ir. Además de aflorar la rabia, la tristeza, el dolor, la culpa, el rechazo, emociones que a veces dejamos que se queden con nosotros sin darnos cuenta de que somos los únicos responsables de que vengan para quedarse.
Pienso que muchas veces el dolor no es lo que nos hacen sino que está producido por quién viene, por el causante del dolor.
Normalmente, sufrimos por los que más amamos.
No reaccionamos ante ese dolor, por lo tanto, nos sentimos humillados, incomprendidos...
Es como si nos acostumbrásemos a ese dolor porque ya lo conocemos y lleva mucho con nosotros que ignoramos el resto de cosas como la felicidad, la confianza, el amor, simplemente vivir.
Nos hacemos fuertes al afrontar, somos guerreros valientes los héroes de nuestra propia historia.
Eso no quita que por el camino nos caigamos, tropecemos, tiremos la toalla y hasta nos rindamos.
Es como si nos cansásemos por no ver resultados como si no le diéramos valor a cada paso.
Las cicatrices nos recuerdan precisamente eso, cada paso y con orgullo se cargan.
Cada avance, cada paso va cerrando heridas,
No importa si deja cicatriz.
Lo que no sirve es sufrir y enfrascarse en un rol de dolor que se puede evitar enfrentando.
“El dolor, cuando no se convierte en verdugo, es un gran maestro.” Concepción Arenal

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