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Qué siento...

   Es posible que me corte porque es un dolor que puedo controlar cuando paro.
Mientras que el dolor en el interior. No se detiene. Nunca se detiene. No es el control sobre el dolor que necesito, es su poder de decidir cuándo es suficiente.

   Es como una adicción, empieza por poco y no puedes parar hasta llegar al punto de darte igual si se ven las cicatrices porque las internas son peores.

   Es como si necesitase las cicatrices, tengo que ser capaz de culpar a ellas por no ser digno de dejar de sufrir.

   Necesidad de ser capaz de culpar a mi pasado, mi locura, el dolor y lo que lo causó.
Las cicatrices son como mi máscara del dolor. Cubren mis muñecas.

   Algunas desaparecen con el tiempo pero las internas jamás así que las vuelvo a hacer aparecer.
Mis cicatrices no son mi forma de mostrar que necesito amor y apoyo o llamar la atención.
Son mi manera de ocultar el hecho de que entiendo por qué lo hago y que es mi dolor.

   No son buscando el suicidio ni siquiera rozarlo, es simplemente calmar mi dolor.
Un dolor latente dentro de mi. El dolor de un cuerpo roto.

   Libera mi dolor emocional. Cuando gotea la sangre sale un poco de ese dolor.
Según sana la herida, crece de nuevo mi interno martirio.

   Controlo las autolesiones se parar pero no soy egoísta por hacerlas. Siento que puedo cortar de esa forma desde mi corazón, recuerdos, y el alma liberar.

   Sin embargo, los pequeños fragmentos de mi dolor, están  incrustados y no pudo hacer palanca hacia fuera.

   Como una mala hierba obstinada en un hermoso jardín. Ésta es mi agonía, éste es mi vivir...


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